jueves, 25 de febrero de 2016

Dando collejas a mis monstruos

Si. Éso estoy haciendo. Estoy cogiendo todas mis debilidades, al menos todas las que encuentro (habrá unas cuantas que sean más escurridizas y no las enganche bien), las estoy colocando en fila india y según pasan delante de mí, les doy sopapos a velocidad crucero.

Miedos, inseguridades, irracionalidades varias... a todas esas pequeñas grandes criaturas que si se lo permites toman el control de tu vida y te impiden hacer lo que verdaderamente quieres, poco a poco, me las estoy comiendo con patatas (patata cocida, porque tengo un poco alto el colesterol). La tarea no es breve ni sencilla, pero ya está bien. Ya está bien de los "no puedo", ya está bien de los "no vas a poder" (que más de uno también me he tenido que tragar), ya está bien de los "no sé hacerlo". He decidido que todo eso me la resbala. Tengo mis apuestas claras. Si me hostio pues me levanto. Si fallo el tiro, apunto de nuevo. Si me pierdo, me meto en google maps. Si alguien me pone piedras en el camino, yo las recojo y seguro que se me ocurre algo bonito que hacer con ellas (si no, siempre se las puedo tirar elegantemente a la cabeza).  

Y ahora, alguno pensaréis, "muy bien bonita, y a mi ¿qué me importa?". Muy sencillo, si os estáis preguntando justo eso, la respuesta es "nada", así que no sé qué leches hacéis leyendo algo que os hace perder el tiempo, cacho memos. 

Si por contra, os he conseguido sacar una sonrisa, ha merecido la pena escribir éste texto en lugar de hacer lo que debería estar haciendo, que es seguir con los patrones que me están mirando con ojos asesinos. 

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