viernes, 19 de abril de 2013

El momento crítico

Ese momento terriblemente cruel en que de repente te das cuenta de que ya no tienes 20 años...

Todo comenzó un mediodía cualquiera de un viernes como hoy en que me estaba vistiendo para quedar con mi anarkoesposo después del trabajo e irnos juntos a comer a casa de mi madre (grrrrrrrgagrgrgrr.... ricoooooooooooo - ilustro con foto)


El caso es que me estaba vistiendo cuando de repente... mierda... -primer síntoma de que una ya no es una chavala inconsciente sin miedo a la cistitis-  me encuentro a mí misma metiéndome la camiseta por dentro de los pantalones. Este hecho, aparentemente poco significativo, me dio mucho que pensar... y  la realidad es que tengo 28 palos y 10 kilos más (felizmente adquiridos y dignamente repartidos, eso sí) que cuando tenía 20. Resultado, los usos y costumbres a la hora de arreglarme obviamente no pueden ser los mismos.

Tras unos minutos de reflexión empecé a tirar del hilo de las neo-lorzas y las patas de gallo para llegar a lo que viene siendo... cha ta chaaaaaaan ....

Crónica de una madurez anunciada o 
cosas que cambian cuando pasas de ser una nena a ser una mujer hecha y derecha
(esta es la cara que se te queda cuando descubres tu primera arruga)


1/ Invertir más tiempo en maquillarme: Siempre he tenido la piel bastante bien, así que nunca he tenido que emplear mucho esfuerzo en ello para verme bien. Me limitaba a agarrar el khol y dejarme los ojos bien emborronados cual edding 500 y poco más. Algo así:
El caso es que eso ya, digamos que... no funciona (si funcionó alguna vez XDD).  Así que ahora me tiro tres cuartos de hora tapando ojeras y buscando cosas que me den luz a la cara y a los ojos (cosa que no se me da muy bien, pero bueno, lo intento).

2/ Escoger la ropa más favorecedora, no la más vistosa: En mis tiempos mozos me liaba a combinar pieza sobre pieza, media rota sobre media rota, pinchos y lazos everywhere... en fin, que tardaba un huevo para conseguir un outfit currado. Ahora lo único que pienso es "por Anubis, que me siente bien". Y me planto un broche cuco y una pulsera bonita y santas pascuas.

3/ Sufrir un pelín para estar divina: Para salir por ahí suelo entonar un "No sin mi corsé", porque, ya que tengo mis chichitas, ¡¡¡las tengo bajo mi control, muahahahahahaha!!! De vez en cuando decido subirme a unos tacones, que siempre favorecen un montón... lo que pasa que tacones + corsé = dolor, mucho dolor, asi que sólo lo hago de vez en cuando.

4/No pasar frío gratuitamente (y aquí entroncamos con el asunto camiseta dentro de pantalón): Cuando era una chavalita me la traía flojísima que hiciera 4 grados bajo cero que yo iba en minifalda y con medias de liguero. Ahora sigo yendo en minifalda, pero con medias 60DEN de cuello vuelto. Lo mismo pasa con mis riñones. Jamás volverán a ver el sol de invierno.



5/Llevar la ropa en la talla adecuada y a la altura adecuada: Parece una obviedad pero en realidad no lo es tanto. Yo al menos no cuidaba mucho este asunto: llevaba pantalones oversized o me los compraba justos, y lo mismo con las camisetas... me daba igual. Y era así porque, aunque no me favoreciese, tampoco me perjudicaba. Ahora he descubierto los indescriptibles beneficios que llevar la ropa como hay que llevarla: petada si es petada, ancha si es ancha, alta si es alta... Porque no hay necesidad ni de parecer Cantinflas ni una morcilla de Burgos.

En resumidas cuentas, cada época tiene su clave, y cada cuerpo sus secretos. El asunto es aceptar lo que hay y sacarle el mejor partido que se pueda en cada momento, sin neuras ni frustraciones.

Me despido con una foto que me sacó mi marido hace poco con Sanji-Miaus, una tarde que llegué hecha un trapo a casa (a los 10 segundos se escapaba de mis garras de amor materno-gatuno)



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